Menú Principal

Mensajes recientes

#1
Areópago / Re:Escuchando ahora....
Último mensaje por defedef232 - Hoy a las 10:49:07 AM
en San Cobardín, venimos a felicitar a los hijos de dos padres, los hombres de una sola mujer, las mujeres drl poliamor y los devotos de uns sola banda de postpunk... como este otro J, no el de lod Planetas, wur pa ser una décads más joven parece ayef la inversa... este señor de pelo cano con pinta de pedófilo

http://youtu.be/W02vyyxlDHI
#2
Areópago / Re:El hilo de la inteligencia ...
Último mensaje por defedef232 - Febrero 13, 2026, 06:28:09 PM
#3
Areópago / Re:El hilo de la inteligencia ...
Último mensaje por defedef232 - Febrero 13, 2026, 06:24:47 PM
igual puedes enviarla a editoriales trendy... tienes un club de lectura o cosa parecida con gentes de gusto, vosotris sabeus donde llamar... yo no tengo npi de cuales te interesan, pero compro ediciones de obras secundarias de grandes autores o principales de amigos de amigos y son editoriales *tapas blandas sin policromía) de "la resistance" (BS incoming)... gentes que editan por el placer de estar en ese mjnfo (supongo que algunas subvenciones caen también)... no la dejes (solo) en el cajón del escritorio, envíásela a esas gentes... huye claro, de lo fàcil (aunque ir a pachas, significa wur le vennpunta al novel, y te asegurar un par de centenas de ventas porque les interesa moverlo una temporada por el retorno dr la inversión), no tienes sitio para tantas cajas
#4
Areópago / Re:El hilo de la inteligencia ...
Último mensaje por Carson_ - Febrero 13, 2026, 09:01:24 AM
Cita de: defedef232 en Febrero 13, 2026, 05:58:48 AMNo es mainstream.
No es comercial.
PerO contiene verdad, merece imprenta

coedición, 500 copias, distribución por Amazon, son 700qie bonota IA capturando patrones significantes del siglo XXI nos está quedando

Es más, ¿sabes adónde acabará?: en un cajón del escritorio.
#5
Areópago / Re:Cuentos con IA
Último mensaje por defedef232 - Febrero 13, 2026, 06:02:56 AM
al primer esclavo qie se la chupé  lo mantuve lejos del bancal casi un año, para  fingido desconfiar las clnfiabas que tomaba, venderlo como marañón... luego me aficcioné a ese tipo de Trato y pasaba vergas azabache cada tres o cuatro meses... lo justo de aliñarles de ayudantes de cámara como para refinados caballeros avisados quitármelos de las manos

éste es un gran país
#6
Areópago / Re:El hilo de la inteligencia ...
Último mensaje por defedef232 - Febrero 13, 2026, 05:58:48 AM
No es mainstream.
No es comercial.
PerO contiene verdad, merece imprenta

coedición, 500 copias, distribución por Amazon, son 700qie bonota IA capturando patrones significantes del siglo XXI nos está quedando
#7
Areópago / Re:Cuentos con IA
Último mensaje por Valeria rpm - Febrero 13, 2026, 05:33:38 AM
Jonás

El primer clavo que chupé todavía tenía un sabor metálico y rancio cuando comprendí que todo había empezado mucho antes, en una sala que parecía un invernadero para muebles muertos y no el lugar donde se suponía que debía ejercer la química.

Aquel día estaba sentado ante una mesa de roble tan pulida que devolvía mi reflejo con un leve retraso, como si dudara de mi presencia. Las columnas se abrían en capiteles vegetales que parecían retorcerse buscando algo más que el techo. Los marcos de las ventanas, de madera oscura y barniz espeso, despedían un olor dulzón, casi rancio. Los cristales ondulados deformaban el exterior hasta hacerlo irreconocible, como si el mundo fuese un experimento fallido. El suelo, cubierto de baldosas hidráulicas en verdes enfermizos y mostazas apagados, repetía un patrón geométrico que, mirado fijamente, producía una ligera sensación de vértigo.

Nada en aquel edificio tenía aspecto de laboratorio. Era demasiado ornamental, demasiado delicado. Una industria química no debería tener lámparas de lágrimas de cristal ni molduras que parecieran crecer por voluntad propia.

Sobre mi mesa había una ficha con un único nombre en mayúsculas: FOSFOLUXINA-9.

Soy químico. O lo era. Miré el término esperando que despertara algo reconocible en mí. No ocurrió. "Me habrán pedido que sintetice esto", pensé. Pero no había instrumental, ni reactivos, ni siquiera el olor áspero de un ácido. Solo silencio y madera vieja.

Saqué el móvil y consulté a la inteligencia artificial.

"Fosfoluxina-9 — compuesto de referencia. Sin antecedentes clínicos en bases públicas. Propiedades: anfífilo teórico; aplicación: indeterminada. ¿Desea métodos de síntesis sugeridos?"

La respuesta fue inmediata, limpia, desprovista de cualquier duda. Yo, en cambio, estaba lleno de ellas.

Un mensaje de WhatsApp me ordenó acudir al despacho del director.

Subí por la escalera de caracol. En la antesala, varios hombres tecleaban con disciplina apagada. No había mujeres. Solo cuellos rígidos y miradas que evitaban encontrarse.

Entré.

La sala estaba en penumbra. Una mesa larguísima se extendía hacia el fondo oscuro como un embarcadero sobre agua negra. El director y su adjunto ocupaban el extremo iluminado; al fondo, dos figuras apenas distinguibles escuchaban.

El director hablaba con tono agraviado y solemne. En un momento dado declaró, con una convicción que sonaba ensayada:

"que pues claro, nuestra empresa atiende a la responsabilidad social, que no me escuchen mis accionistas, pero en realidad la responsabilidad social es el máximo objetivo de esta empresa."

La frase quedó suspendida, incómoda.

Después apoyó los codos sobre la mesa, hundió la frente entre las manos y murmuró que la corbata le estaba fastidiando, que necesitaba el pasador. El adjunto no se movió. Entonces el director giró ligeramente la cabeza hacia mí y, hablándome por debajo de su sobaco, me ordenó que fuera a buscarlo.

En la antesala, el hombre de mayor rango sonrió cuando le transmití el encargo.

—Eso lo lleva Mei-lin Chao.

El nombre sonó como una advertencia.

—No sé si querrá encargarse —añadió—. Está muy harta de todo esto.

Llamó por teléfono. Negoció con una cortesía forzada. Finalmente colgó.

—Puedes ir. Al fondo del corredor.

El pasillo era excesivo. Empezó a serpentear: primero a la derecha, luego a la izquierda. Las baldosas seguían el movimiento como escamas rígidas. El aire allí parecía circular con intención.

En una curva me crucé con un hombre muy bajito, de bigote mínimo y sonrisa fija.

—¿Eres nuevo?

Asentí.

—¿Adónde vas?

—A buscar un pasador de corbata.

Sonrió con una satisfacción extraña.

—Ah, el pasador... A mí me lo encargaron una vez. No pude cumplir. Me mandaron al departamento de secar clavos.

—¿Secar clavos?

—Sí, aquí mismo. Antes este serpentín no era un pasillo. Se inyectaba aire y se ponían los clavos a secar. Los secábamos de un lado y luego, uno por uno, les dábamos la vuelta para secarlos del otro.

Lo dijo sin ironía, como quien describe una vocación.

—Ahora ya lo han renovado —añadió—. Pero el departamento sigue existiendo.

Desapareció tras la siguiente curva.

El pasillo se volvió recto y más solemne. Al final, una puerta de madera noble tallada con hojas entrelazadas. Llamé.

—Está abierta, pase.

Entré.

Ella estaba sentada en un sofá frente a la ventana. La luz lateral subrayaba cada tensión de su rostro. Llevaba un albornoz blanco. Tendría unos cincuenta años, pero la piel estaba estirada con una firmeza artificial. Los labios, tensos hasta el límite, parecían incapaces de relajarse. Pensé —y me avergoncé de pensarlo— que tenía la boca tan estirada que si masticara erráticanente, en lugar de morderse la lengua podía llegar a morderse una oreja.

—Me han encargado el pasador de corbata —dije.

Torció el gesto.

—Tráeme esa caja.

Le llevé el joyero. Lo abrió y empezó a mostrarme piezas.

—¿Te gusta este collar?

Asentí. Sacó otro. Y otro. En un momento volvió a enseñarme uno que ya había visto.

—¿Te gusta este?

Había una leve fisura en su secuencia, como un salto en una cinta mal montada.

—Te voy a enseñar mi collar más preciado.

Nos colocamos frente a un espejo de pie en mitad de la sala. Ella delante, yo detrás. El cristal nos devolvía enteros y ligeramente deformados.

—Tiene tres posiciones. Ponme la posición de en medio.

Ajusté el cierre. Ella dejó caer el albornoz sobre los hombros. Las solapas se deslizaron a través de sus implantes tensos y quedaron detenidas por unos pezones demasiado erguidos.

—¿Crees que está bien o crees que debería bajarlo un poco más?

—No, el collar le queda perfecto así.

Se cerró el albornoz con un movimiento brusco, como si hubiera decidido que yo no merecía más espectáculo. Volvió al joyero, arrojó el collar dentro y, tras rebuscar con impaciencia, extrajo el pasador de corbata.

—Toma. Ya le puedes llevar esto a ese idiota.

Regresé por el serpentín observando el metal entre mis dedos.

—Al menos me libraré de lo de los clavos —pensé.

En el despacho, el director estaba solo. Le entregué el pasador.

Sonrió.

—¿Qué te ha dicho esa boca de tiburón ballena?

Rió y repitió, complacido con su propia crueldad:

—Esa mujer no sabe morderse la lengua, por eso es más fácil que se muerda una oreja.

Luego añadió, con una cordialidad glacial:

—Hemos encontrado el departamento adecuado para ti.

El secretario me condujo por otro corredor, más desnudo. Al fondo, una puerta metálica: "Acceso a la planta de secado de clavos".

La placa conmemorativa brillaba bajo una luz blanca: inaugurada por el Excmo. Sr. Don Álvaro Cifuentes, Ministro de Transformación Productiva, y la Ilma. Sra. Doña Marta Galiano, Secretaria de Estado de Industria. Debajo, el logotipo de la empresa que había subvencionado la inversión: NeuroIA Dynamics.

La puerta se abrió.

Desde una pasarela elevada vi el hangar interminable. En el centro, un serpentín gigantesco cubierto por triángulos de vidrio formando un tubo translúcido por donde circulaba el aire. Dentro, mesas alineadas a lo largo de la curva infinita. Personas inclinadas sobre pequeños clavos metálicos.

Algunos los sostenían un instante frente a los labios, los chupaban con gesto concentrado, luego los secaban cuidadosamente con un paño áspero y, antes de depositarlos en la bandeja correspondiente, volvían a llevárselos a la boca para un último contacto húmedo y metódico. Después pasaban al siguiente. Siempre igual. Siempre con la misma cadencia.

Bajé las escaleras. Entré en el tubo. Caminé hasta una silla vacía.

Me senté. Tomé un clavo.

El hombre de enfrente era físico. El de la derecha, licenciado en filosofía. El de la izquierda me miró cuando le pregunté qué había estudiado.

—No —dijo—. Yo no estudié estudios superiores. Yo toda la vida quise ser un escritor de cuentos.

Miré el clavo entre mis dedos y lo acerqué a la boca.
#8
Areópago / Re:El hilo de la inteligencia ...
Último mensaje por Carson_ - Febrero 12, 2026, 08:18:12 PM
La mención a Kafka y Pessoa merecería una genuflexión conjunta.

El consejo de la IA me ha parecido sugerente: una invitación a asumir mayor riesgo narrativo.

Sé qué tipo de literatura me gusta, de las pocas cosas que tengo claras.

Cada vez me inclino más a la contención y a la ironía. ¿Tipo de lector?, ni me lo planteo. Sí hay algún guiño a lletraferits.

En definitiva, no se titula Doncellas y criadas.
#9
Areópago / Re:Hilo sobre la educación
Último mensaje por defedef232 - Febrero 12, 2026, 05:17:53 PM
que hijasdeputa
pudiendo acercarse al héroe de los grititos silenciosos
y follárselo en escena

prueba a hacer eso con Bud Spencer Rabbit
#10
Areópago / Re:Hilo sobre la educación
Último mensaje por Afirmacionista - Febrero 12, 2026, 05:03:38 PM
Este es el nivel de comprensión lectora de la adolescencia actual, compran entradas de Bunbury pensando que ponía Bad Bunny.

https://x.com/MananerosTVE/status/2021902287699161196