| Escrito por Gonzalo Gala,
on 26-02-2008 21:37
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Publicado el : Artículos, Cine y TV |
Película de los hermanos Coen que nos interesa sobre todo por el personaje interpretado por Javier Bardem, un asesino impertérrito que está llenado al actor de premios. Consigue hacer un asesino psicópata y manipulador, capaz de llevar a su interlocutor, a la víctima a sentirse responsable de su propia muerte. Bardem se suma con este personaje a una nutrida lista de asesinos psicópatas muy aplaudidos que nos ha dejado el cine, mientras que Tommy Lee Jones acierta al dar vida a un sheriff mayor, cansado y escéptico, como viene haciendo desde Los tres entierros de Melquiades Estrada. 
Oeste de Texas de 1980, un hombre tropieza con dos millones de dólares que han quedado huérfanos después de una matanza de narcotraficantes, comete el error de quedárselos y ponerse a ambos lados de tiro de todos los interesados por recuperarlo. La policía, los propios narcos y el más peligroso de todos, Anton Chigur, un implacable asesino sin ninguna moral y sentimientos, capaz de pedirle a alguien que tire una moneda al aire para decidir su destino. - Usted elija. - Bueno, primero debería saber que nos estamos jugando. - Tiene que elegir, no puedo hacerlo por usted, no sería justo. - Pero si no hemos jugado nada. - Sí, lo ha hecho, se ha apostado usted la vida, pero no lo sabía. El séptimo arte, desde sus inicios se ha visto tentado por la frontera y más la que separa México de Estados Unidos, países distintos que sin embargo comparte una misma cultura, en ese aspecto; en el cine mudo, por citar un ejemplo, la genialidad de Charles Chaplin ya nos había acercado a esos exóticos paisajes en El peregrino. Sin embargo, sería el western el género que no tendría razón de ser sin la existencia de este frontera, como ocurría en los conflictos legales del Oeste americano, cuando los asaltos de maleantes y bandidos se solventaban con una mano rápida y un Colt 45; así como la salvaguarda que suponía las dos orillas del río Bravo. Sam Peckimpah, en Grupo Salvaje, como otros muchos cineastas, se hicieron eco de este mismo en una multitud de películas. - A partir de aquí estamos en México, señor Thorton. - ¿Cuál es el pueblo que está más cerca? - Aguaverde. - ¿Qué hay en Aguaverde? - Mexicanos, ¿qué quiere que halla? 
También en la actualidad, de las tensiones que se vive en esa parte surge un paisaje que la mera presencia de la frontera, produce una sensación de inminente peligro. Un lugar en los que los conceptos de vida, muerte y violencia adquieren sentido. Un paisaje, vasto, espectacular y de enorme belleza, que pronto se convierte en un personaje más, que narcotraficantes y espaldas mojadas quieren apropiarse, ante una policía de general más preocupada por el orden existencial que por el orden de la ley. Este mismo desolado paisaje sirve de escenario para los hermanos Coen para adaptar por primera vez en su carrera -siempre habían trabajado sobre guiones originales- una novela de Cormac McCarthy, autor de culto, fronterizo y descarnado, capaz de crear universos despiadados y salvajes, en donde rigen la violencia y los hombres se convierten en bestias desbocadas.
- Buenos días, me imagino que este no es el futuro que pensaría cuando le echaste el ojo al dinero. Tranquilo, yo no soy el hombre que te viene buscando. - Ya lo sé, lo he visto. - ¿Lo has visto y sigues vivo? 
Pero, a pesar de encontrarnos ante una adaptación de una novela, es fácil rastrear en No es país para viejos rasgos de la obra de los hermanos Coen, desde su opera prima, Sangre fácil. El protagonismo del espacio, hasta el punto que lleva a configurar a sus personajes a su semejanza y la combinación de una crueldad implacable con un humor sarcástico, algo que ya ocurría en Fargo, su más destacado filme y la película que más se parece a No es país para viejos. En la que un hombre, sin atributos, planea un absurdo secuestro con la ayuda de dos inútiles inaprensivos, para ser víctima de su propia mezquindad, cuando se encuentra con una policía embarazada. Ahora, tras doce años después de Fargo, y con algunas películas desiguales entre media, descubrimos en No es país para viejos una película a veces sorprendente, algo desconcertante y tremendamente americana que se adentra en el terreno del cine independiente y del Hollywood marginal, en resumidas cuentas, con una película típica de los hermanos Coen. Con la salvedad de que las ocho nominaciones con las que llega a la gala de los Oscars, -en las que se incluyen las categorías más importantes-, pueden dar una alegría al español Javier Bardem, principal aspirante a lograr la estatuilla al Mejor actor de reparto, por ese asesino misterioso y solitario, de nombre Anton Shigbur. - ¿Sabes cómo va acabar esto, verdad? - No. - No te digo que puedes salvarte, porque no puedes. |