| Escrito por Laura,
on 16-03-2007 01:07
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Publicado el : Artículos, Cine y TV |
 Una explicación sostenida por críticos y analistas de diverso pelaje sobre la trama de la película es que Escarlata se enamora de Rhett, pero tarde, la muy pánfila, después de machacarlo vivo, y él la escupe en la cara: Francamente querida, me importa un bledo. Pues bien...¡¡¡¡¡¡NO ES ASÍ PARA NADA!!!!!
No es que “se enamore” sin más de Rhett Butler al final. Es que siempre ha estado enamorada de él, pero se da cuenta de tal cosa demasiado tarde, cuando la relación entre ellos ya es imposible debido a las toneladas de mierda habidas por parte de AMBOS (no sólo ella le machaca), y justo en el momento en el que casualmente Melania la palma y Ashley por fin queda libre cual pajarillo.
La cuestión es que todo lo que hace Escarlata se basa en su idea de que Ashley está enamorado de ella, idea que no se le ocurre a ella solita, sino que es que el propio Ashley viene a reconocérselo antes de su matrimonio con Melania. Al principio de la película, durante la fiesta en los siete robles en la que se declara la guerra, Escarlata se entera de que su Ashley se va a casar con Melania Wilkes. Lo acorrala en un salón, y le viene a decir que de qué va, y que explique eso de que se va a casar con Melania, habiéndole dado Ashley a ella pruebas contundentes (conociendo al sujeto tales pruebas probablemente consistieron en un par de miradas lánguidas) de que ella le gusta más que comer el pollo con los dedos. Él le explica que sí mira, que me gusto mucho de ti, pero es que Melania es de la familia, nos hemos criado juntos, somos los dos igual de panolis, y, sinceramente, no tengo huevos para casarme con un pedazo de tía como tú, que yo lo que quiero es vivir tranquilo y relajado. Ashley sale de la habitación, y Escarlata furiosa estampana un jarrón (ella es así) contra el sofá en el que se oculta Rhett Butler, quien ha presenciado el momentazo y piensa: “¡Me la pido!”.
Y a partir de ahí, Rhett se queda en stand by esperando a que ella se dé cuenta de que Ashley es medio marica y de que su hombre es él. Sólo que ella, como buena irlandesa (o vasco-navarra), no se da cuenta, no. Se queda con la copla de que con Ashley no todo está perdido, y dedica empecinadamente los siguientes diez años de su vida a perseguirlo de forma infructuosa. Por medio están una guerra, la pobreza, sus dos matrimonios, sus dos viudedades y la recuperación económica.
En vista de que pasa el tiempo y no hay quien la apee del burro, Rhett le plantea las cosas en estos términos: mira, yo estoy forrado, como poco nos lo vamos a pasar bien juntos, y además… tus hermanas y cuñadas se van a morir de envidia cuando vean la pasta que manejas y la vidorra que nos pegamos. Y ella, viendo que Melania no parece dispuesta a morirse por el momento, que es que le viene fatal, le dice a Rhett que bueno, que vale. Y efectivamente, se lo pasan juntos de puta madre (especialmente le mola a escarlata lo del follar, que se ve que los otros dos maridos que tuvo no le rendían demasiado), tienen una hija, siguen sus negocios y todo chachi… si no fuera porque tras el parto, Escarlata le prohíbe a Rhett que la toque, porque ya se sabe que con los embarazos se te caen las tetas y se te ensancha la cintura (qué guay, en mi caso eso no sería ningún problema), y que con una hija ya tiene más que de sobra.
Ante este incumplimiento del débito conyugal por parte de Escarlata, Rhett se dedica a lo que se dedicaría cualquiera con dos dedos de frente: a emborracharse y a irse de putas. Pero en una de éstas, vuelve a casa todo cocido, se la encuentra por ahí en boatiné (creo que soplando, que a ella el drinking también le iba bastante)… y va y le dice que ya está harto de chorradas y la “viola”. Lo pongo entre comillas porque lejos de importarle, la “violación” le recuerda a Escarlata que el tipo éste es bastante ponedor, y se despierta más contenta que unas castañuelas… para descubrir que Rhett, horrorizado por su felonía, “se ha ido a por tabaco”. Como fruto de la violación, ella se queda en estado. Tras varias semanas de ausencia, durante las cuales Escarlata echa muchísimo de menos a Rhett (dentro de los parámetros en los que una arpía sin corazón puede echar de menos a alguien), éste vuelve de viaje, ella va a darle la buena nueva en un intento de reconciliación con él, pero él sigue envenenado, forcejean y la tira (medio accidentalmente) por la escalinata alfombrada de rojo de su mansión, con la desafortunada consecuencia de que ella sufre un aborto, y claro, a partir de ahí le guarda cierto resquemor.
Y ahí siguen, como un matrimonio normal (es decir, sin follar, y a bronca diaria) peeeero, desgraciadamente la hija la palma en un accidente de caballo. Escarlata culpa a Rhett, que le regaló el caballo a la niña, y ahí se tuerce todo definitivamente. Que si yo sufro más que tú, so mala madre, que si mira que te dije que regalarle el caballo a la niña nos iba a traer una desgracia…
Pasan muchas más cosas, pero vamos al grano: meanwhile, Melania, desoyendo los consejos de su médico, se ha vuelto a quedar embarazada. Está de parto y el asunto se presenta muy feo. Por fin, y para descanso del espectador, se produce el óbito. Y ahí Escarlata ve pasmada como Ashley se desmelena y se sume en la tragedia, a lo que ella dice: “¿pero no era que me querías a mí?” Y él le aclara que no, que la quiere mucho, sí, pero como a una hermana, y que Melania ha sido siempre la mujer de su vida, y que poco menos que en ausencia de Melania, va a meterse a fraile. Y ella de repente pone cara de: “vaya plan… ¿qué he estado haciendo todos estos años, y mi Rhett en casa hecho un desgraciao?”. Y va a casa, y le dice a Rhett: “que ahora sí, que me he dado cuenta de te quiero con locura”. Y claro, él está ya hasta las asas de tanto problema, le parece el rollo muy cansino, y le contesta eso de “francamente querida, me importa un bledo”. Ella llora como una micra de segundo, pero lejos de hacer lo que haría cualquiera en su situación, esto es, tirarse de los pelos ante la evidencia de que ha desperdiciado la mitad de su vida a lo chorras persiguiendo una quimera que ni siquiera deseaba, lo que la ha llevado a perder lo único que le importaba de verdad (o sea, Rhett), se sacude la falda con resolución y dice: “bueno, es una putada… pero ya lo pensaré mañana que ahora tengo mucho lío”. Y ahí se queda la tía, procrastinando sin complejos el enfrentarse con sus demonios, en una huída hacia adelante que la convierte en el eneagrama de personalidad en una 7 clarísima.
(Y luego hay una versión alemana de esta película, pero en mucho más coñazo, que es Fitzcarraldo, donde se sustituye a Ashley por una ópera en plena jungla amazónica) |