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Nueva edición del clásico de Dickens con una presentación elegante y cuidada a cargo de Valdemar. La edición incluye multitud de notas del traductor para quien se interese por conocer los referentes sociales y de constumbres del contexto histórico en el que transcurre la novela.

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Segunda entrega de la adaptación gráfica de la novela de Marcel Proust, con un dibujo estilo Hergé que recrea cuidadosamente el entorno precido y evocador en el que transcurre la novela.

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Lenka es una cantautora pop australiana que ha participado con sus canciones en bandas sonoras de series de máxima audiencia en EEUU como Anatomía de Grey o Betty, y que ha reunido en este album debut.

Niponofilia I - "Azul casi transparente" de Ryu Murakami PDF Imprimir E-mail
Escrito por Bic Cristal   
Viernes, 16 de Febrero de 2007 08:08
Ryu Murakami
Cuatro en uno
Celia, Penélope, Haruki... Y Ryu Murakami poniendo cara de tipo duro 
 
 
Ryu Murakami nació en Nagasaki siete años después de la explosión de Fat Boy, y durante dieciocho años vivió prácticamente al lado de una base naval americana en Sasebo, un pueblo cercano. Todo hace pensar que no debió gustarle demasiado la experiencia, porque tomó parte en diversas manifestaciones contra la presencia militar de Estados Unidos en Japón. Sin embargo, las vívidas descripciones de orgías übersexuales con soldados yanquis que aparecen en algunos de sus libros han hecho pensar a más de uno que entre manifa y manifa Ryu organizó alguna fiestecilla de “confraternización” con las tropas ocupantes. Nada hay confirmado, hasta donde yo sé.

El Dragón de Villarriba no se ha limitado a las novelas, las orgías y a tocar la batería en un grupo de rock, sino que ha escrito y dirigido cinco o seis películas (entre ellas una morbosísima peli llamada Tokyo Decadence, que recomiendo encarecidamente a los fans del bizarrismo nipón). Empezó su carrera de cineasta rodando la adaptación de la historia con la que empezó su carrera de novelista: “Azul casi transparente”. 

Los humanos tenemos la puñetera costumbre de indentificar y clasificar todo lo nuevo comparándolo con referencias anteriores más conocidas. Así, sería fácil, rápido (e incompleto) definir Azul casi transparente como un Trainspotting nipón... O al propio Ryu Murakami como un Henry Miller o un Bukowsky por lo explícito de su lenguaje sexual, o incluso como un Camus pasado de vueltas, por la anestesia emocional de sus personajes que recuerda a la del prota de El extranjero. Pero qué coño, estoy harto de que a las situaciones absurdas se les llame kafkianas y a las fantásticas borgianas, así que voy a intentar hablar de esta novela sin compararla con nada más que sí misma. 

Japos fumandoEs difícil describir el argumento de la novela, ya que podría decirse que ocurrir, no ocurre nada o casi nada. Los jóvenes protagonistas de la historia pasan todas y cada una de sus escasas ciento cuarenta páginas drogándose con todo lo que cae en sus manos (mescalina, heroína, Philopon, Nibrole...), follando con todo lo follable (marines yanquis negros con mástiles como patas de elefante), y pegándose de todas las formas posibles (dolorosísimo apaleamiento de un guardia de seguridad, violencia doméstica, sobeo aleatorio de una transeúnte). Todo ello, por supuesto, en un marco incomparable de basura y roña: seis jóvenes chutados hasta las cejas conviviendo en un mismo piso no son precisamente una promesa de higiene. Las repulsivas descripciones del misérrimo entorno de los protagonistas, sin embargo, tienen una cierta poesía feísta:      


La cucaracha había metido su cabeza en un plato cubierto con globos de ketchup; su dorso estaba reluciente de grasa. Cuando aplastas cucarachas, sale un jugo de diferentes colores. Las tripas de ésta debían estar llenas de rojo. Una vez, cuando aplasté una cucaracha que andaba sobre una paleta de pintor, salió un líquido color violeta. No había pintura violeta en la paleta, pensé que el azul y el rojo debían haberse mezclado en su diminuto vientre.


A primera vista no parece excesivamente estimulante: ¿qué tiene de apasionante una novela en la que no pasa realmente nada excepto una sucesión de orgías y flipes? Bueno, hay varios aspectos interesantes...

En primer lugar: la forma en que está escrito el libro. No es exactamente un estilo aséptico o puramente descriptivo, sino más bien desapegado: se detallan las mayores barbaridades y los momentos más relajados con el mismo tono pasivo, suave y carente de juicio moral. La narración es concisa, exacta, inmersiva en el sentido de que juega con todos los sentidos hasta hacer que el lector se introduzca del todo en situaciones más que desagradables: se describen con simplicidad y destreza los olores putrefactos del piso, el dolor de las palizas o de los desgarros anales, el sabor metálico y como de gasolina que dejan los chutes, los sonidos inconexos de conversaciones ajenas que se difuminan a medida que hace efecto la heroína.

Otro aspecto interesante: los personajes. He leído en alguna crítica que están despojados de emociones... Y no estoy de acuerdo. Claro que sienten, aunque algunos (como Okinawa) tienen los sentimientos muy lejos, enterrados en algún lugar, amortiguados como una pistola con silenciador... Y otros simplemente están medio vacíos, se han convertido en seres inertes que sienten pero no reaccionan. El protagonista comenta que en bachillerato echó un producto químico sobre varias hojas de álamo, disolviendo la parte verde y dejando sólo las nervaduras. Así son varios de los personajes: esqueletos emocionales, zombies que no saben muy bien dónde ir o qué hacer aparte de beber, follar y chutarse, y que son vistos por la gente que les rodea con miedo o asco.

Angry young japaneseEl protagonista, Ryu, tiene la relación más “estable” de las descritas en el libro con una prostituta mayor que él, Lilly. La verdad es que resultan tiernos cuando se chutan juntos, o salen a alucinar con mescalina por las noches. En los mejores pasajes del libro, un Ryu hasta las cejas de ácido describe la ciudad imaginaria que aparece ante sus ojos siempre que está drogado, un refugio mejor y más real que la vida. En su vida cotidiana, Ryu se deja llevar con la vaga sensación de que debería buscar algo de estabilidad, de significado, espabilar, tocar la flauta como le pide su amigo Okinawa... Pero algo le tiene cogido por las pelotas, y mientras tanto su vida es similar a la fruta podrida que intenta dar a los pájaros, sin éxito, en una lamentable escena.

De este librito se ha dicho de todo: desde que cuestiona el materialismo nihilista hasta que es una sátira de la situación del Japón post-guerra mundial sumiso al poder estadounidense (hombre, visto fríamente, sí podrían interpretarse las orgías anales de los marines con las japonesas como una visión del poderío yanqui sodomizando al orgullo nipón, pero me parece llevar la alegoría política demasiado lejos). Sea como sea, ganó un porrón de premios, entre ellos el Gunzo de Nuevos Talentos y el Akutagawa (el más prestigioso de Japón a pesar de que sólo den ¡un reloj de pulsera! y poca pasta), y ha vendido hasta ahora más de un millón de copias.  

 Ya juzgaréis vosotros mismos tras leer el libro, ver la peli o participar en una orgía heroinómana, lo que esté más cerca de vuestros intereses actuales.

Vuestros comentarios, aquí: Niponofilia - Escritores japoneses desquiciados  

 Punki japa
¿Dónde habré dejado la lentilla...?
Última actualización el Viernes, 16 de Febrero de 2007 21:12