| Escrito por Scardanelli,
on 21-02-2007 23:45
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Publicado el : Artículos, Cine y TV |
Si por algo se caracteriza la historia del cine es por la habitual insignificancia artística de sus productos. Pocas son las películas que pueden ser defendidas sin sonrojo como verdaderamente esenciales. Hoy recomiendo una de estas excepciones a quien aún quede por verla, la que probablemente sea la única legitimada para llevar sin ninguna exageración el subtítulo "No te la debes perder, macho". Estoy hablando, por si aún no lo han adivinado, de "Shoah", esa sobrecogedora conservación en imágenes de testimonios fundamentales sobre el exterminio judío ejecutado por los nazis.
Si por algo se caracteriza la historia del cine es por la habitual insignificancia artística de sus productos. Pocas son las películas que pueden ser defendidas sin sonrojo como verdaderamente esenciales. Hoy recomiendo una de estas excepciones a quien aún quede por verla, la que probablemente sea la única legitimada para llevar sin ninguna exageración el subtítulo "No te la debes perder, macho". Estoy hablando, por si aún no lo han adivinado, de "Shoah", esa sobrecogedora conservación en imágenes de testimonios fundamentales sobre el exterminio judío ejecutado por los nazis. El responsable de este proyecto memorable, Claude Lanzmann, interroga con suma prolijilidad a un gran número de supervivientes de ambos bandos para que iluminen al espectador acerca de los más relevantes detalles de aquella diabólica operación, el crimen más radical de todos los tiempos, jamás igualado desde entonces. Por muchos libros que uno haya leído sobre el asunto, ninguna lectura puede equipararse a la experiencia de contemplar "vivitos y coleando" a estos atormentados testigos a los que el director anima a confesar lo que vieron, lo que sufrieron los pobres, lo que hicieron padecer los muy cabrones. La pudorosa cámara, que jamás se recrea morbosamente en el dolor de las víctimas o en la expresión insondable de los verdugos, cuando no enfoca con tacto al entrevistado se dedica a mostrar, sin ridículas representaciones dramáticas y sin artificiales reconstrucciones históricas, el estado actual de los lugares que van siendo mencionados en el discurso de los distintos narradores. Y es esta valiosísima capacidad de registro tan poco empleada con seriedad desde sus orígenes, tan rápidamente desechada en favor de la dramaturgia y la ficción, la que devuelve su más hondo sentido al cine, imponiéndole una impagable y necesaria tarea que ningún otro medio es capaz de acometer con la misma eficacia. Todo es importante en este documento filmado y todo lo recoge el celuloide: palabras, gestos, expresiones. Las distintas voces que intervienen a lo largo de estas nueve horas, que tan cortas y tan apasionantes se hacen por momentos, van trazando poco a poco un mapa detallado del colosal e incomprensible atentado contra la condición humana que tuvo lugar no hace tanto tiempo en el corazón sin corazón de Europa, a veces desde la reflexión más abstracta y general y a veces desde la anécdota más concreta y personal. Así pues, "Shoah" no consiste más que en las variadas historias reales de los distintos protagonistas del más extremo acontecimiento de la historia del hombre. Que no es poco, aunque, como sucedía con el "Titanic" de Cameron, ya sepamos cómo acaba. Sobre todo hay un momento en la película, tremendamente revelador del funcionamiento de la mente nazi, que produce un gran estremecimiento en el espectador más endurecido, o sea, en mí. El director lee un documento en apariencia trivial e inofensivo: una carta que contiene determinadas órdenes administrativas escritas en un lenguaje neutro, desapasionado. El frío funcionario autor de esta aberración literaria sugiere a los encargados de llevar a cabo cierto transporte de mercancías algunas medidas optimizadoras que se espera que harán más eficaz su trabajo. Nada turbador en esta demostración de la diligencia alemana sino fuera porque todos sabemos de qué clase de cargamento se está hablando. Lean y pásmense: [i]"GEHEIME REICHSSACHE" ASUNTO SECRETO DEL REICH: Berlín, a 5 de Jun¡o de 1942.[/i]
Cambios a efectuar en los vehículos especiales actualmente en servicio en Kulmhof, Chelmno, y en los que están en construcción. Desde el mes de diciembre de 1941, 97.000 han sido tratados (en alemán "verarbeitet") por los tres vehículos en servicio sin incidentes mayores. Sin embargo, teniendo en cuenta las observaciones hechas hasta hoy, los siguientes cambios técnicos se imponen: PRIMERO: La carga normal de los camiones es generalmente de 9 a 10 por metro cuadrado. En los vehículos Saurer, que son muy voluminosos, la utilización máxima del espacio no es posible. No a causa de una sobrecarga eventual, sino porque un cargamento hasta la capacidad máxima tendría repercusiones sobre la estabilidad del vehículo. Una disminución del espacio de carga parece por lo tanto necesaria. Sería indispensable reducir ese espacio de un metro en lugar de tratar de resolver el problema, como se ha hecho hasta ahora, disminuyendo el número de piezas por cargar, lo que acarrea la desventaja de un tiempo de funcionamiento más largo, pues el espacio vacío también debe llenarse de óxido de carbono. En cambio, si se disminuye el espacio de carga, cargando completamente el vehículo, el tiempo de funcionamiento puede reducirse considerablemente. Los constructores de la máquina nos dijeron en una ocasión, que reducir la parte trasera del camión acarrearía un desequilibrio indeseable. El tren delantero, según ellos, estaría sobrecargado. Pero en realidad, el equilibrio se restablece involuntariamente por el hecho de que la mercancía cargada muestra, durante el funcionamiento, una tendencia natural a atropellarse en las puertas traseras, y termina, al final de la operación, acostada sobre todo en ese lugar. De esta manera, no se produce ninguna sobrecarga en el tren delantero. SEGUNDO: Es necesario proteger la iluminación de la destrucción más de lo que se ha hecho hasta ahora. Rejillas de hierro deben cubrir las lámparas para evitar su deterioro. La práctica ha demostrado que se puede prescindir de ellas, puesto que aparentemente nunca se han utilizado. Sin embargo, se ha observado que en el momento de cerrar las puertas el cargamento siempre se abalanza fuertemente hacia ellas -hacia las puertas- cuando llega la oscuridad. Esto resulta del hecho de que el cargamento se precipita naturalmente hacia la luz cuando oscurece, lo que dificulta el cierre de las puertas. Además se pudo observar que por el carácter inquietante de la oscuridad, los gritos estallan siempre en el momento del cierre de las puertas. Sería pues oportuno encender las luces antes y durante los primeros minutos del funcionamiento. TERCERO: Para facilitar la limpieza del vehículo, es necesario situar un orificio de drenaje hermético en medio del piso. La tapa del orificio, de un diámetro de 200 a 300 milímetros estará provista de un sifón plano, de forma tal, que los líquidos fluidos puedan evacuarse durante el funcionamiento. En el momento de la limpieza, el orificio de desagüe servirá para evacuar las inmundicias más gruesas. Los cambios técnicos mencionados arriba deben ser aplicados a los vehículos en servicio sólo cuando tengan que ser reparados. Respecto a los 10 vehículos nuevos pedidos a Saurer, deben estar, en lo posible, equipados con todas las innovaciones y cambios como resultado de la práctica y de la experiencia. Sometido a la decisión del Gruppenleiter II D, SS-Obersturmballfürer Walter Rauff.
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